Crecer como equipo

6 claves para incitar a nuestros hijos a colaborar en las tareas domésticas

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Zig Ziglar dijo: “Los individuos marcan goles, pero los equipos ganan partidos.” 

La mayoría de los padres pensamos que colaborar en las tareas ayuda a madurar a nuestros hijos, pero a menudo nos parece más cómodo hacerlo nosotros mismos mientras ellos duermen la siesta o están en el colegio.

Entre los dos y los cinco años, los niños están ansiosos y dispuestos a ayudar. Según van creciendo, se ofrecerán cada vez menos a hacerlo, por lo que debemos empezar a implicarles en las tareas domésticas cuanto antes.

Colaborar desde una edad temprana les ayuda a adquirir responsabilidades, les enseña a valorar el trabajo y respetar el espacio de los demás, aprenden a organizar su tiempo libre, e indudablemente, ganan autonomía y les servirá de gran ayuda cuando llegue el momento de que se independicen.

Además, las pequeñas tareas que encarguemos a nuestros hijos marcarán una gran diferencia en la convivencia familiar. No es lo mismo que cada uno se dedique tan sólo a sus propios intereses, que todos nos ayudemos en lo que podamos. Pronto descubrirán que de esta manera tenemos más tiempo para pasar todos juntos y que cada uno de nosotros (incluso las madres que trabajamos fuera y dentro de casa) tenemos tiempo también para nuestros intereses individuales.

Lo primero que debemos hacerles ver es que formamos un equipo y que lo que hacemos o dejamos de hacer afecta a todos. Deben empezar por comprender que tan sólo con que sean responsables de recoger lo que desordenan y limpiar lo que ensucian, ya contribuyen a liberarnos de trabajo a los demás.

Con 2 años ya pueden recoger sus juguetes, usar un trapo para secar el zumo que se les ha caído, acordarse de tirar en la papelera un papel en el que han pintado… 

Con 3 años, pueden empezar a hacerse responsables de su mochila del colegio, estirar su cama los fines de semana, ayudar a poner y recoger la mesa, regar las plantas, limpiar el polvo… Para ellos de momento es sobre todo un juego, y como todo juego, les sirve de práctica para la vida real.

Las tareas se deben ir incorporando poco a poco, acordes con su edad y teniendo en cuenta su grado de madurez.

Tenemos que explicarles claramente lo que tienen que hacer y cómo se hace.  Es preferible utilizar oraciones afirmativas, en vez de negativas; por ejemplo, “mete en la lavadora sólo la ropa clara y después meteremos la oscura”, en lugar de “no metas la ropa clara con la oscura”; así lo comprenderán antes, pues el cerebro sólo realiza representaciones visuales de las acciones en positivo.

Los padres debemos tener paciencia. Claro que no podemos esperar que la primera vez que el niño limpie un cristal con, por ejemplo, 4 años, lo deje brillante, pero siempre debemos reconocer su trabajo de un modo positivo y hacerle ver que nos ha ahorrado un valioso tiempo que podremos emplear para nuestro ocio. La motivación positiva es muy importante. Por supuesto, para que resulte creíble no podemos ir detrás terminando el trabajo que él acaba de hacer.

Según van cogiendo destreza, es bueno establecer un tiempo límite.

Los estudios siempre tendrán prioridad ante las tareas domésticas, pero deben comprender que sus deberes en casa también son una obligación.

Y recordad: trabajar en equipo divide el trabajo y multiplica los resultados.