Disfrutar comunicándonos con nuestros hijos

Epicteto (filósofo griego) dijo: “Tenemos dos orejas y una boca
para que podamos escuchar el doble de lo que hablamos”.

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Ayer tuve una reunión con la tutora de mi hija mayor. Ella empezó diciendo “es una alumna excelente pero…, continuó: “...lo que más nos sorprende de ella son sus valores, muy poco corrientes…” e insistió: “…de verdad, es muy raro encontrar a alguien con tan buenos valores”. En ese momento pasó por mi mente una lluvia de imágenes de esos momentos que tanto disfruto dejándolo todo de lado para dedicarme solamente a charlar con mis hijos.

Por eso hoy quiero hablaros sobre la comunicación entre padres e hijos, a la que debemos dedicar tiempo e interés desde mucho antes de que empiecen a hablar.

Cuantas veces hemos escuchado decir “me cuesta mucho comunicarme con mi hij@”, “no me cuenta nada”, “no me entiende” o “no le entiendo”.

Cuando surgen problemas entre padres e hijos, casi siempre están relacionados de algún modo con fallos en la comunicación. Ya sea por no haber hablado suficientemente sobre un tema, por no habernos parado a escuchar en un momento determinado, por no comunicarnos del modo adecuado o simplemente por falta de comunicación habitual.

Cuando hablemos con nuestros hijos, debemos ser claros, compartir con ellos nuestra experiencia y fomentar los valores que les queremos inculcar, pero no podemos olvidar que para que el mensaje les llegue, debemos ser empáticos, escucharles y mantener una conversación agradable, fluída y, sobre todo, mutua.

Algunos consejos:

  • Los niños se enfrentan a una serie de temas difíciles para ellos desde edades muy tempranas y necesitan que alguien les ayude a comprender bien todos los aspectos, por lo que al principio acuden a sus padres para encontrar la información que les falta. No desaproveches la oportunidad y préstrale toda la atención que él o ella necesita en ese momento, aunque te puedan parecer temas insignificantes. De este modo, dejarás abierta la puerta para que en el futuro siga buscando respuesta en ti. Si no, se sentirá obligado a hablar de temas difíciles con otras personas, quienes pueden proporcionarle información errónea o explicaciones que carezcan de los valores que tú le quieres inculcar.
  • Debemos ser pacientes. Como adultos, a veces creemos que los niños pequeños tardan una eternidad para expresar lo que tienen en mente y sentimos la tentación de terminar sus frases y cortar el diálogo. Tengamos en cuenta que a esa edad suelen pensar qué es lo que quieren expresar y cómo hacerlo a la vez que lo hacen, y si es un tema especialmente importante para ellos, buscan la manera de llegar a él sobre la marcha. Si no les dejamos terminar, es probable que no lleguen a contarnos lo realmente importante.
  • Aprovecha cualquier oportunidad para hablar con tus hijos sobre temas que consideres importantes, como una noticia o cualquier situación oportuna que surja.
  • Reserva un momento del día para charlar con tus hijos, un momento en el que no os preocupéis de nada más, y elige un lugar agradable. Por ejemplo, después de cenar, sentados juntos en el sofá y tomando una infusión o un vaso de leche. Cada familia debe encontrar el suyo, dependiendo de su horario y sus gustos.
  • Hablar no lo es todo. Mantén un tono suave e incítales a participar en la conversación de un modo ordenado.
  • Si tienes más de un hijo, dedica un tiempo con cierta frecuencia (por ejemplo, cada semana), a charlar con cada uno a solas en un lugar más íntimo, como su habitación. Estas conversaciones les ayudan a mejorar mucho la seguridad en sí mismos y sienten que sus opiniones son importantes. Además pueden aprovechar para hablar de temas más complicados o a sincerarse más, creando un vínculo de complicidad.
  • Observa su comportamiento. Cuando un niño empieza a actuar repentinamente de una forma distinta, es muy probable que intente comunicar algo.
  • A veces, cuando nos damos cuenta de que nuestro hijo necesita comunicarnos algo y le cuesta mucho hablar de ello, es una buena técnica concertar una cita para charlar. Le mostrarás que simplemente te apetece pasar uno de esos ratitos a solas. Así tendrá la oportunidad de pensar qué nos quiere contar y cómo. De este modo le resultará mucho más fácil decidirse.

Pregunta, escucha, comprende, enseña y aprende tú también.